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| Eduardo Martinez Gómez

Una primera aproximación al cine iberoamericano

 

Entendemos Iberoamérica como el conjunto de países que en algún momento u otro de la Historia formaron parte de los reinos ibéricos de España y Portugal, incluyendo a estos dos estados, según la definición más extendida de un término controvertido por motivos que pasan por su origen colonial, o la falta o el exceso de inclusividad nacional y cultural de este concepto. Pero en cualquier caso, y adoptando esta concepción de Iberoamérica, Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, Costa Rica, Cuba, Ecuador, El Salvador, España, Guatemala, Honduras, México, Nicaragua, Panamá, Paraguay, Perú, Portugal, Puerto Rico, República Dominicana, Uruguay y Venezuela conformarían esta unión que actualmente se argumenta en base al vínculo lingüístico que se produce entre la mayoría de sus respectivas poblaciones, en español y portugués. Y eso pese a que, sin embargo, alberga numerosas culturas y/o lenguas diferentes que como ocurre con la española y portuguesa, encuentran sus respectivas formas de representación y desarrollo identitarios a través de artes como la literatura, la música o, también y entre muchas otras manifestaciones culturales, el cine.

Una particularidad de raíces históricas que parte del pasado común de estos países como colonias españolas y portuguesas que nos obliga a plantearnos algunas preguntas desde el análisis cultural y/o cinematográfica que se pretende ejercer desde este modesto espacio, El rincón de los expertos. Una sección que nace con la intención de ofrecer un análisis crítico de películas, directores, productoras u otros aspectos vinculados al cine hecho en alguno o varios de estos países y que, por un motivo u otro, resulten relevantes para entender el cine hecho en Iberoamérica. Pero, teniendo en cuenta que cada uno de los 22 países que forman Iberoamérica cuenta con sus propias particularidades sociales, económicas e históricas y, por lo tanto, de una cultura propia ¿cómo podemos asegurar que unas pocas películas, directores o productoras permitan establecer una pauta representativa del cine iberoamericano en general?  ¿O que una película como Hazlo como un hombre (Nicolás López, 2017), la película más taquillera de todas las producidas en territorio iberoamericano durante el pasado año, sea más o menos representativa del cine hecho en alguno de los países de Iberoamérica que la multipremiada y oscarizada, pero de discreto éxito de público, Una mujer fantástica(Sebastián Lelio, 2017)? Una serie de cuestiones que revelan la existencia de dos posibles percepciones del cine iberoamericano: la que se da desde un todo desagregado formado por las películas de los diferentes países que lo conforman, y el postulado por las instituciones y plataformas que abogan por una unión en términos comerciales que permita a estos cines trabajar unidos como un agente fuerte y sólido en un mundo globalizado.

El cine iberoamericano: una perspectiva industrial

Sin establecer juicios de valor al respecto, podríamos afirmar que, en términos empresariales, el impacto de la Globalización ha favorecido considerablemente a las empresas más grandes y de mayor fortaleza económica en detrimento de aquellas que carecen de esa fuerza económica o cuyas dimensiones de negocio son mucho menores. Así, y según esta premisa ¿cuál es la situación de la industria del cine iberoamericana? A razón de lo expuesto en el Anuario del Cine Iberoamericano de 2017, elaborado por Media Research & Consultancy (MRC) y Barlovento Comunicación, la suma de las producciones cinematográficas iberoamericanas estrenadas durante este año situarían al cine iberoamericano en la cuarta posición a nivel mundial en cuanto a producción. Pero pongamos ahora la lupa sobre la capacidad de participación de estos cines en un mercado global y que pasa por una mayor presencia internacional a través de la distribución. En el pasado año 2017 se estrenaron un total de 892 producciones iberoamericanas que llegaron a las salas a través de la nada despreciable cifra de 515 distribuidoras, muchas de las cuales solo operan a nivel nacional. Un aislamiento comercial que lastra la internacionalización de estos cines, pese a que un total de 231 títulos de estos 892 estrenos -es decir, un 26 %- fueron producidos en régimen de co-producción, y muchas veces con la participación de más de dos países iberoamericanos como en el caso de la mentada Hazlo como hombre, producida por Méjico, Chile y, también, los EE.UU.. Un fenómeno nada desdeñable, pero que en cualquier caso parece más motivado por las necesidades económicas de producciones concretas que por un ánimo industrial global que pueda hacer un frente común ante el estreno de las 1155 películas no iberoamericanas estrenadas en todos los países de Iberoamérica en 2017, con una preeminencia en taquilla del cine venido desde los EE.UU., pese a que el número de películas producidas durante el 2017 en el país norteamericano es muy similar al de las producciones iberoamericanas.

Es ante esta flagrante desigualdad respecto a la potencia de distribución de diferentes industrias cinematográficas, y que no solo afecta al cine iberoamericano, que han surgido numerosas iniciativas destinadas a fraguar una identidad iberoamericana, como mínimo industrial, que sea capaz de defenderse en este mercado global que amenaza con devorar a las empresas, culturales o no, más pequeñas. En este sentido, la presencia idiomática mayoritaria del español y el portugués en estos países, su voluntad de entendimiento o el hecho de contar con un pasado y unas problemáticas históricas comunes, parecen haber dado alas a la creación de numerosos acuerdos comerciales ajenos al cine como Mercosur o la Alianza del Pacífico. Pero también, y en el caso específico de lo cinematográfico, a la creación de galardones como los Premios Platino o el Premio Fénix, que abarca la actividad cinematográfica de todos los países iberoamericanos, además del surgimiento del programa Ibermedia, impulsor del 7% de las películas producidas en el conjunto de Iberoamérica durante el año 2017. A lo que se añaden iniciativas como el Think-Tankfundado por la Fundación Ortega/Marañón, la Fundación Euroamérica, Media Research & Consultancy (MRC) y Barlovento Comunicación, creado con la intención de organizar foros de debate tendentes a la creación y desarrollo del espacio audiovisual Iberoamericano, de intercambio económico y cultural, a partir de una mirada industrial común y estratégica. Un conjunto de iniciativas que apuestan por una visión de mercado global circunscrito a los países de Iberoamérica y que se ven complementadas desde una herramienta tan global (y globalizadora) como es Internet a través de plataformas de Video On Demand (VOD) como Filmin o Retina Latina, esta última impulsada por las instituciones cinematográficas de Bolivia, Ecuador, Perú, México, Uruguay y Colombia y que permite el visionado de títulos realizados en estos países, además de acceso a información y actualidad cinematográficas de Latinoamérica.

El cine iberoamericano: la perspectiva de El rincón de los expertos

Pero ¿es eso suficiente para hablar de un cine con identidadiberoamericana, más allá de las iniciativas comentadas en el párrafo anterior en este sentido? ¿O esa concepción del cine iberoamericano cumple una función industrial, de gestión de recursos económicos y capacidad de incidencia en el mercado internacional que no tiene por qué afectar la naturaleza creativa de las películas que lo conforman?

Consideremos que, más allá de sus necesidades económicas y de la rentabilidad que garantice la perpetuación de la industria de la que surge una película, un filme no es tanto una forma de exponer una identidad nacional o internacional como una forma de expresión personal ejercida de forma grupal por el equipo de personas que la hacen posible. Lo que incluye, por supuesto, la expresión de una identidad que puede ser iberoamericana, y que coincidirá con una de las muchas nacionalidades que conforman Iberoamérica. Pero, en todo caso, esa identidad nacional o iberoamericana no se reflejará en una identidad estática, sino que se expresará completando una naturaleza identitaria en continua construcción, que convive además con otras igual de movedizas como la ideológica, la familiar, la vital, etc… Y es que, si pretendemos saber qué es el cine iberoamericano para así poder analizar sus cualidades más representativas a través de películas, directores o productoras concretas ¿no deberíamos preguntarnos qué es ser iberoamericano?

Y, a buen seguro, la respuesta sería que no existe una sola forma, si no tantas como habitantes tiene Iberoamérica, entendida como un espacio acotado geográficamente. Lo que haría muy insuficiente una de las posibles vías por las que podría desarrollarse esta sección, El rincón de los expertos, y que consistiría en establecer una concepción fija del cine iberoamericano desde la que considerar como más o menos iberoamericana, o más o menos representativa de serlo, una u otra película. Precisamente por eso, y con la intención de hacer justicia en la medida de lo posible a lo infinitamente variable del cine iberoamericano desde una perspectiva creativa, este espacio pretende resaltar la variedad estilística, autoral, industrial, y también cualitativa, que puede dar de sí el cine hecho en Iberoamérica a partir de sus diferentes aspectos. Y todo ello sin ánimo de resultar completistas ni jerárquicos desde una perspectiva identitaria, sino partiendo de la idea de que cada uno de estos aspectos forman parte de un todo en continua construcción y con tantas voces como directores, productores o películas puedan convivir en este territorio.

 


Nota de MRC: Eduardo Martinez Gómez es titulado en la especialidad de Guión por la Escuela de Cine y Audiovisuales de Cataluña (ESCAC), centro adscrito a la Universidad de Barcelona. Crítico de cine, escritor y documentalista, es el creador y redactor del blog sobre cine A sesión continua, de renovación semanal entre los años 2012 y 2014. Ha sido finalista del 40º Premio Enrique Ferrán en el año 2015 y obtuvo idéntica posición en el VII Concurso de relatos solidarios Lo vives lo cuentasconvocado por la Fundación Juan Bonal en el año 2016.